Esta nueva propuesta de BioWare bien podría considerarse familia directa del videojuego futurista de la compañía, siempre salvando, por supuesto, las distancias. Nos encontramos ante un título de rol donde cine y videojuegos vuelven a mezclarse en un único formato. Con Dragon Age: Origins retornan las cinemáticas espectaculares, las sorpresas argumentales y la profundización en los personajes. Gráficamente, esta primera toma de contacto ha demostrado que el juego promete. Utilizando un ‘engine’ sobresaliente, BioWare consigue recrear con todo detalle una ambientación medieval, fantástica y mágica muy lograda, perfecta, casi sin igual en lo que va de generación.Todo está medido al detalle. Mejor dicho; BioWare está midiendo absolutamente todos los detalles, pues los artistas de este equipo quieren que el jugador se encuentre ante una experiencia de juego donde cada rincón de esta tierra virtual sea capaz de despertar sensaciones. Desde la sangre y la suciedad que impregnará habitualmente a nuestros aventureros, desapareciendo o aumentando de manera realista según jugamos, hasta la aparición en el horizonte lejano de murciélagos, que no pasan desapercibidos pese a la distancia, como pudimos ver en la demostración.

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